ACTUALIDAD, ATENCIÓN PSICOLÓGICA

CUANDO LA PERFECCIÓN ES SIEMPRE EL OBJETIVO


Detrás de las personas perfeccionistas se ocultan personas insatisfechas de forma permanente.  Se sienten a disgusto consigo mismas porque son incapaces de tolerar sus errores.

Persiguen lo perfecto, buscan lo mejor, se exigen mucho así mismas, pero nunca están contentas. La insatisfacción les acecha porque en realidad intentan huir de la persona inepta que creen llevar en su interior y a la que detestan. Por esta razón piensan que nunca serán lo bastante buenas, hagan lo que hagan, para compensar la idea que tienen de sí mismas.

Desear mejorar en la vida es tan saludable como gratificante, ya que nos permite disfrutar con lo que conseguimos para nosotros y para los demás. Pero cuando lo que se hace contiene una exigencia extrema, que solo nos deja ver los fallos cometidos, nos encontramos ante una persona perfeccionista, que puede convertirse  en alguien molesto para los que le rodean, pues suele ser intolerante con los fallos ajenos e incluso con los suyos propios.

Las personas perfeccionistas pueden llegar a ser patológicas cuando convierten casi todo lo que hacen en una obligación y dejan poco margen para el placer. Sus aspiraciones no tienen objetivos posibles, pues persiguen lo inalcanzable y cargan el acento en las metas más que en el proceso de realización. No viven ni trabajan para sí mismas, sino para una mirada exigente que siempre les criticará porque las cosas nunca estarán lo bastante bien hechas.

Tienen dificultades para aceptar sus límites y en realidad no se quieren nada, de ahí que se castiguen si se equivocan. Lo pasan mal cuando cometen cualquier fallo porque no aceptan la debilidad. Carecen de toda piedad para sí mismas, y con frecuencia también para los demás, saben sufrir pero no saben ser felices.

Mantienen dentro de sí a un niño que no ha aprendido que el amor no sólo tiene que ver con lo que el otro posee, sino también con lo que le falta. Mantienen en su psiquismo la idea de que si cometen fallos nadie les querrá. Ponen tanta energía en ser perfectas que con frecuencia olvidan que los demás no sólo no lo son, sino que tampoco quieren serlo.

Pero, ¿Qué podemos hacer cuando no se puede disfrutar porque la exigencia es excesiva?

  • Conviene concentrarse más en el proceso que en los resultados, y no esperar continuamente la calificación de los demás.
  • Fijarse objetivos realistas y alcanzables. Solo avanzando paso a paso podremos sentirnos satisfechos.
  • Revisar si la imagen que tenían de nosotros nuestros padres nos sigue pesando en nuestra forma de pensar, actuar y sentir.
  • Repasar cuál es nuestra actitud ante las debilidades y fallos propios y los de las personas que nos rodean.

¡!!!!!! BIENVENIDOS A LA IMPERFECCIÓN ¡!!!!!!!